La música es una herramienta que nos permite elevar nuestra vibración, proporcionándonos una salida de estados y pensamientos depresivos o de baja frecuencia. Aunque, cuidado, porque no toda la música tiene un efecto realmente positivo para nosotros «aunque lo parezca».
La música es un medio por el cual podemos sintonizar nuestras ondas de pensamiento a las ondas de las letras y armonías musicales. Esas ondas de frecuencia hacen que vibremos con la intención que la generó, que si es ARTE, es decir, que si está hecha y lleva impresa una INTENCIÓN DE AMOR, transmitirá la BELLEZA que nos permite armonizarnos con el orden y la armonía universal, y no proporcionará soporte, amparo y sensación de bienestar.
«La música da alma al universo, alas a la mente, vuelos a la imaginación, consuelo a la tristeza y vida y alegría a todas las cosas»
PLATÓN
Pero, ojo, porque si en su contenido va impresa una INTENCIÓN EGOICA, puede producir el efecto contrario, la DESCONEXIÓN CON NUESTRA ALMA, induciendo y programando de forma velada, reacciones inconscientes, emocionales e instintivas propias del cuerpo físico, que en estos días podríamos relacionar con la «música» tipo Reggaeton o Trapp, de la que normalmente se desprenden letras y «ritmos», que no «armonías», relacionadas con las «pasiones», como, sexo, drogas, venganza, machismo, superficialidad, culpa, resentimiento… No digo que no se escuche, a mi cuando la escucho, a veces, también se me van los pies como si del «FLAUTISTA DE HAMELIN» se tratase, y es lo que es, y hay que ser conscientes de ello, como el que se bebe una copa un día, no como hábito, porque nos enreda en la tela de araña de la que luego nos cuesta salir. Y como recomendación, MUCHO CUIDADO CON PONER ESE TIPO DE «MÚSICA» AL ALCANCE DE LOS NIÑOS, y para recordarlo acompaño esta magistral ilustración.


